2- LA INTIMA RECORDACION DE SI MISMO
“Quien quiera
despertar Conciencia debe practicar, de momento en momento, la íntima
recordación de sí mismo”.
“Recordarse de
momento en momento, es de hecho un trabajo difícil, basta un instante de olvido
para comenzar a soñar”.
Aunque parezca
increíble , cuando el estudiante se observa a sí mismo, no se recuerda de sí
mismo.
Parece algo
inverosímil, más cuando el aspirante gnóstico auto - observa su forma de reír,
hablar, caminar, etc., SE OLVIDA DE SI MISMO (esto es increíble, pero
cierto). Sin embargo, es indispensable
tratar de recordarse a sí mismo, mientras uno se auto - observa. Esto es fundamental para lograr el despertar
de la Conciencia.
Auto -
observarse, sin olvidarse de sí mismo, es terriblemente difícil, pero
espantosamente urgente para lograr el despertar de la Conciencia.
Esto que
estamos diciendo parece una tontería, pero las gentes ignoran que están
dormidas, ignoran que no se recuerdan a sí mismas, aunque se miren en un espejo
de cuerpo entero, ni aún cuando se observen en detalle, minuciosamente......
Este OLVIDO DE
SI MISMO, este NO RECORDARSE A SI MISMO, es realmente la causa - causorum de
toda la ignorancia humana.
Cuando un
hombre cualquiera llega a comprender, profundamente, que no puede recordarse a
sí mismo, que no es consciente de sí mismo, está muy cerca de iniciar el
despertar de la Conciencia.
Estamos
hablando de algo que hay que reflexionar profundamente; esto que aquí estamos
diciendo, es muy importante y no se puede comprender si se lee mecánicamente.
Nuestros
lectores deben reflexionar: la gente no es capaz de sentir su propio “YO”
mientras se auto - observa, de hacerlo pasar de un Centro a otro, etc.
Observar la
propia forma de hablar, reír, caminar, etc., sin olvidarse de sí mismo,
SINTIENDO ESE “YO” ADENTRO, es muy difícil y sin embargo básico, fundamental,
para lograr el despertar de la Conciencia.
Un gran Maestro
dijo: “La primera impresión que me produjo el esfuerzo por ser consciente de mi
mismo, por ser consciente de mi mismo como “YO”, de decirme a mi mismo “Yo
estoy caminando”, “YO estoy haciendo”, y de tratar de mantener vivo ese “YO”,
de SENTIRLO dentro de mi, fue la siguiente: el pensamiento quedaba como
dormido; cuando Yo hacía al Yo, no podía pensar ni hablar, en semejante estado,
sólo por un tiempo muy breve....”
Es necesario
disolver el “YO” pluralizado, volverlo cenizas, pero tenemos que conocerlo,
estudiarlo en los 49 departamentos subconscientes, simbolizados entre los
gnósticos por los CUARENTA Y NUEVE DEMONIOS DE JALDABAOTH.
Si un doctor va
a extirpar un tumor canceroso, necesita primero conocerlo. Si un hombre quiere disolver el “YO”,
necesita estudiarlo, hacerse consciente de él, conocerlo en los 49
departamentos subconscientes.
Durante la
íntima recordación de sí mismo, en ese tremendo super - esfuerzo por ser
consciente de su propio “YO”, es claro que la atención se divide: una parte de
la atención se dirige (como es apenas lógico) hacia el esfuerzo, y la otra
hacia el Ego o “Yo” pluralizado.
Auto - observar
nuestra forma de pensar, hablar, reír, caminar, comer, sentir, etc., sin
olvidarse de sí mismo, de los íntimos procesos del Ego, de lo que está
ocurriendo allá adentro, en los 49 departamentos subconscientes de Jaldabaoth,
resulta en verdad espantosamente difícil, y sin embargo fundamental para el
despertar de la Conciencia.
La auto -
observación y la íntima recordación de sí mismo, inician el desarrollo del SENTIDO ESPACIAL, que llega a su plena
madurez con el despertar de la Conciencia.
Los “Chacras”,
mencionados por Mr. Leadbeter y muchos otros autores, son (con relación al
SENTIDO ESPACIAL) lo que las flores con relación al “Arbol de la Vida” (lo
fundamental es el “Arbol”).
EL SENTIDO
ESPACIAL es el funcionamiento normal de la Conciencia despierta.
Todo hombre,
despierto de verdad, puede verificar por sí mismo y a través de la experiencia
directa, los sueños de las gentes; puede ver esos sueños en las personas que
andan por las calles, en los que trabajan en las fábricas, en los que
gobiernan, en toda criatura.... Todo
hombre, despierto de verdad, puede ver, oír, oler, tocar o palpar todas las
cosas de los mundos superiores.